Los españoles quieren más pequeño comercio

Reportaje elaborado por Juan Manuel García, publicado en La Vanguardia, en el que hemos participado.

Una encuesta de la Comisión Europea revela que los madrileños y los barceloneses son los europeos más insatisfechos con la oferta de tiendas de proximidad

Los españoles son los ciudadanos de Europa más insatisfechos con la disponibilidad de tiendas minoristas en sus ciudades, según revela el Eurobarómetro sobre la ‘Calidad de vida en las ciudades europeas’ correspondiente al año 2015. La encuesta muestra el grado de satisfacción de más de 40.000 europeos con diferentes aspectos de la vida urbana, como los transportes públicos, los servicios sanitarios, las oportunidades de empleo y vivienda o las cuestiones relacionadas con el medio ambiente.

El informe de la Comisión Europea recoge la opinión sobre estas cuestiones de los habitantes de un total de 79 ciudades y cuatro grandes regiones de todos los Estados miembros, así como en Islandia, Noruega, Suiza y Turquía. Uno de los datos más relevantes es que las cuatro ciudades españolas que participan en la encuesta (Madrid, Barcelona, Málaga y Oviedo) se sitúan entre las diez en las que sus ciudadanos se muestran más descontentos con la situación del comercio de proximidad.

En general, los europeos están muy satisfechos con respecto a las ciudades en las que viven. Los más contentos son los habitantes de Oslo (Noruega), Zurich (Suiza) y Aalborg (Dinamarca). La única ciudad española que aparece entre los primeros puestos es Málaga. El 97% de los malagueños encuestados se complacen con su ciudad.

En 78 de los 83 núcleos metropolitanos en los que se ha realizado el estudio, al menos tres cuartas partes de los encuestados se muestran satisfechos con la ofertas de tiendas al por menor en sus ciudades. Sólo en cinco regiones el grado de satisfacción se sitúa por debajo del 75%, entre ellas Madrid y Barcelona.

El descontento de los ciudadanos con este aspecto es especialmente patente en la capital de España: el 38% de los madrileños está muy insatisfecho con la disponibilidad de pequeños comercios en su barrio, y sólo el 59% está conforme (una cifra muy por debajo del promedio de las ciudades encuestadas y siete puntos inferior a la registrada en la última encuesta de la Comisión sobre calidad de vida, en 2012). No en vano, Madrid es la ciudad europea donde más ha empeorado la percepción del ciudadano sobre esta cuestión.

Manuel García-Izquierdo Parralo, presidente de la confederación Española de Comercio (CEC), atribuye esta preocupación a “la permisividad de la Administración española con las grandes empresas de distribución”, que ha provocado una “saturación de centros comerciales” en España. Según García-Izquierdo, esto no sucede en otros países de nuestro entorno –“por ejemplo en Francia”- donde se les ponen más “obstáculos” para instalarse. “La CEC siempre ha defendido el comercio de proximidad y especializado”, dice su responsable. “Es el modelo tradicional en el Mediterráneo, el que aporta mayor equilibrio y el que responde a lo que demanda la gente”.

Salvador Albuixech, presidente de la Fundació Barcelona Comerç y Secretario General de Vitrines d’Europe -una federación europea que defensa y promueve los valores de las pequeñas y medianas empresas de comercio-, coincide con la visión del presidente de la CEC: “Madrid es paradigma de la destrucción del comercio de proximidad en Europa”.

En su opinión, las causas hay que buscarlas en medidas como la liberalización del horario comercial, puesta en marcha en verano de 2012 por el Gobierno de Esperanza Aguirre en la Comunidad madrileña, que permite a las tiendas del centro de la ciudad abrir 24 horas al día los 365 días del año. Esta reforma se justificó entonces por la necesidad de crear empleo, pero el presidente de la CEC considera, por el contrario, que “con el desgaste de los valores del comercio de proximidad disminuye la seguridad del empleo”.

Algunas de las muestras del descontento ciudadano por las dificultades para el desarrollo del pequeño comercio han sido muy visibles en los últimos meses. El cierre de comercios históricos en Barcelona, por ejemplo, suscita amplias críticas entre los vecinos de la Ciudad Condal. Aun así, Albuixech asegura que Barcelona es “el espejo en el que se miran ciudades de Italia, Francia, Bélgica y Portugal”. Tenemos un “modelo único de mercados municipales”, asegura.

Lo que parece obvio es que hay diferencias importantes entre la percepción que tienen los españoles sobre la situación de los pequeños comercios del país y la visión –mucho más positiva- que tienen los extranjeros que visitan España. Ante quienes temen que se produzca una metamorfosis en nuestras ciudades, hasta el punto que sea cada vez más habitual tener que desplazarse en coche para realizar la compra diaria, como ocurre en otros continentes, cabe argüir que el comercio de proximidad sirve también para dinamizar el turismo, uno de los motores económicos del país. Ambos expertos consultados coinciden en que las pequeñas tiendas especializadas le otorgan una identidad diferente a las ciudades españolas y “contribuyen a que los visitantes vuelvan”.