Deflación en el carro de la compra

Los precios en la alimentación caen por la agresiva competencia. La bajada de márgenes amenaza la viabilidad de los supermercados y productores débiles

Reportaje de Cristina Delgado publicado en el diario El País

El término deflación se ha colado en las cuentas de los supermercados. Así justifican las cadenas la bajada de facturación de los últimos meses: los precios de los alimentos han bajado, así que, incluso cuando logran mantener el volumen de kilos y litros vendidos, en sus cajas registradoras entra menos dinero. “Para muchas frutas y verduras nunca hemos conocido precios tan bajos como los de este verano en toda nuestra historia”, asegura Ricardo Currás, consejero delegado de los supermercados Dia. La guerra de precios puede suponer algo de alivio a los hogares a corto plazo, que ven reducido su recibo de la compra en unos céntimos. Sin embargo, en un sector con márgenes de beneficio tan ajustados como el de los alimentos frescos, a medio plazo la pérdida de negocio puede poner en riesgo inversiones, empleos e incluso la supervivencia de las cadenas y productores más débiles, según advierten los expertos.

Los precios de los alimentos llevan cinco meses a la baja, según las estadísticas del IPC que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). De media se han reducido entre el 0,5% y el 2,2%. Pero en algunas categorías la rebaja ha sido más profunda: los aceites eran en septiembre el 12,6% más baratos que un año antes; las patatas, el 20%; la carne de ave, el 2,7% menos; y la de cerdo es un 2,2% más barata que en 2013.

Las agresivas bajadas de precios perjudican los márgenes de los supermercados. Pero, al fin y al cabo, son ellos quienes los fijan. ¿Por qué persisten? “Las empresas los bajan para recuperar cuota de mercado”, señala Javier Campo, presidente de la asociación de fabricantes y distribuidores AECOC. “Es un sector con una enorme competencia. Quizá, con un exceso de operadores. Y eso les lleva a repercutir todas las bajadas que se producen en origen, para atraer clientes”, resume.

Los expertos creen que la deflación es en realidad el resultado de una agresiva guerra que las cadenas solo saben en este momento librar en el terreno de los precios, y no en calidad, productividad o innovación. A medio plazo, avisan, puede tener consecuencias graves. “Dicen que hay deflación y por eso bajan su facturación. Pero al final son los operadores los que ponen precios bajos aunque eso les impida luego invertir o crear empleo. Porque se han metido en una espiral de la que ya no son capaces de salir”, señala Ignacio Gómez Garzón, director de la consultora Simon-Kucher. “Las cadenas se han obsesionado con aumentar la cuota de mercado a costa de ofertas y productos más baratos. Esto deja a muchas empresas sin margen de maniobra para seguir”, advierte.

Los potenciales clientes, recuerda el profesor de Esade Lluís Martínez-Ribes, se han reducido con la marcha de inmigrantes. “Y la crisis se ha enquistado en los hogares”, apunta. Mientras todo eso ocurría, recuerda este experto, Mercadona irrumpió con fuerza. Tiene el 25% del mercado, con un modelo basado en precios bajos. “El resto del sector ve sus indicadores, y para replicar el modelo, recorta los márgenes”, explica. Y a esta guerra de precios se suma la batalla paralela que viven las marcas de los fabricantes y las marcas blancas. “Los fabricantes han reaccionado y han estrechado la brecha de precios”, señala Martínez-Ribes. Las presiones recaen, al final, en la base de la pirámide: los productores y proveedores, a los que aprietan cada vez más. En definitiva, todos facturan y ganan menos.

A corto plazo, para los consumidores solo se ven ventajas: con una tasa de paro cercana al 24% y la renta de las familias muy tocada, los precios bajos suenan a música celestial. “Pero a medio y largo plazo se traduce en graves problemas para la distribución y supondrá problemas de supervivencia para muchas cadenas”, advierte Martínez-Ribes. Crear puestos de trabajo o invertir en nuevas tiendas es difícil. “Y al final al cliente solo le ofrecen precios bajos, pero la calidad se deja de lado”, añade Ignacio Gómez.

Tíquets ajustados por toda Europa

La llegada de la deflación al carrito de la compra no es un fenómeno exclusivamente español, señala Himanshu Pal, director de perspectivas de ventas de Kantar Retail para Europa, Oriente Próximo y África. En Reino Unido, por ejemplo, la potencia de Tesco —agresivo en precio y marca blanca— también supone una fuerte presión para el sector. Y en Francia proliferan las políticas de descuentos y de márgenes reducidos, que ya no son solo prácticas habituales en las cadenas de descuento. Esto, dice, “afecta a las estrategias de empleo e inversión de los grandes grupos”. De ahí, señala, que cadenas como Dia o Carrefour prefieran optar por crecer con franquicias, ya que así el desembolso para expandirse no corre de su cuenta. Además, recuerda este analista, “al final la presión acaba por llegar a los proveedores”, que son los que cargan con buena parte de las rebajas. Pese al efecto que la deflación está teniendo sobre las cuentas de las empresas, Himanshu Pal no cree que se vayan a replantear las estrategias. “No veo que vaya a cambiar a corto plazo”, vaticina.