Balance negativo de la ampliación del horario comercial en Barcelona en verano

Un 57% de las tiendas que abrieron los domingos dicen que las ventas no han compensado los costes extras

Publicado en el diario La Razón

BARCELONA- La medida de la Generalitat –aprobada tras un largo proceso de negociación con las principales asociaciones de comerciantes en el primer trimestre del año– que fijaba un nuevo horario de apertura para los comercios de Barcelona durante el verano, no ha dado los resultados esperados. Así lo demuestra el informe elaborado por la Confederació de Comerç de Cataluña y el Consell de Gremis de Comerç, Serveis y Turismo de Barcelona, que tras encuestar a 800 comercios ha revelado que un 57,14 de las tiendas que se acogieron a este horario no han conseguido un balance positivo.

A principios de marzo el ejecutivo de Trias acordó con los principales gremios de comerciantes de la ciudad, un nuevo calendario que permitía a las tiendas la posibilidad de abrir 19 domingos y festivos al año, correspondientes a los meses de julio y agosto.

La intención era adaptarse a la demanda turística propia del verano; sin embargo, más de la mitad de las tiendas que abrieron los domingos estivales afirman que las ventas realizadas no han compensado los gastos extra generados, a pesar de que el 64 por ciento de los establecimientos decidieron no contratar a más personal para cubrir la demanda, sino reestructurar la jornada laboral de sus trabajadores.

Al parecer el horario de apertu-ra establecido por la Generalitat –de 10 a 18 horas– ha sido el principal causante de los malos resultados de venta obtenidos. De hecho, una parte importante de los comercios que se acogieron a él consideran que debería haber empezado y acabado más tarde para ajustarse mejor a los hábitos de verano de los consumidores. Además el 60 por ciento de los encuestados creen que el domingo ha resultado ser uno de los peores días de facturación de la semana, con un 4 por ciento me- nos de ventas con respecto a la media.

El comercio tradicional fue el que mostró mayores reticencias ante el nuevo horario de apertura. Muchos de ellos temieron tener que trabajar el día que dedicaban a la familia, pero finalmente se vieron obligados a hacerlo para no perder clientes, cambiando así su modo de vida. En el lado opuesto, se encontraban los comerciantes del eje que recorre desde la Rambla y Portaferrissa hasta Francesc Macià –agrupados en la asociación Barcelona Shopping Line–, que insistieron al Ayuntamiento para prolongar la jornada de compras hasta las diez de la noche.